Liberalismo y política: ¿Qué errores está cometiendo el liberalismo político en Argentina?

     El liberalismo y la política argentina tienen larga data. Hoy se ven distintos matices a través de José Luis Espert, Ricardo López Murphy, Javier Milei, pero si bien crecen mediáticamente y en cantidad de votos, las coaliciones y partidos de estos espacios están estancados.


Desde la muerte política del Partido Autonomista Nacional luego de 1916 y el Partido Demócrata Progresista con el peronismo (resultando en un bipartidismo entre UCR y PJ), que la Argentina no tenía una fuerza política constituida como liberal. Con la crisis de los ’80, el ingeniero Alsogaray representaría este retorno liberal con su partido Ucede (Unión del Centro Democrático), que más tarde terminaría dentro del menemismo, hasta morir políticamente con la crisis del 2001. En el 2003 hubo otro intento con Ricardo López Murphy y su partido Recrear para el Crecimiento, que obtuvo el tercer lugar, pero luego desapareció también.

La crisis del PJ, con Alberto Fernández y Cristina Fernández a la cabeza, y el percibido fracaso del gobierno de Juntos por el Cambio con Mauricio Macri entre 2015-2019, pareció representar una oportunidad para que el liberalismo despierte de su sueño y vuelva a jugar políticamente. Comenzó con José Luis Espert en 2019 y su frente Despertar, y en las elecciones intermedias del 2021 con Javier Milei (La Libertad Avanza), Ricardo López Murphy (Republicanos Unidos-Juntos por el Cambio) y José Luis Espert (Avanza Libertad), los tres jugando por separado.

Como se ve, si bien tuvieron un buen desempeño electoral, el liberalismo está fragmentado, es decir, sus fuerzas políticas se han quedado estancadas. Parecen más la versión derechista del FIT-MAS, que una nueva versión del partido PRO, de Mauricio Macri, Patricia Bullrich y Rodríguez Larreta. ¿Qué sucedió?

Lo que se puede ver es que han cometido una larga cantidad de errores que hablan del crecimiento o no de las nuevas fuerzas políticas, como pueden ser:

-No entender que son partidos chicos. Es de iluso querer marcarse un David contra Goliat en la vida real. El personalismo de los líderes de estos espacios ha tendido a fragmentarlos, todos quieren ser la cara visible. A esto se suma que no se ponen de acuerdo en las estrategias políticas (como son las alianzas), y poco ayuda la militancia de cada líder político. Los partidos chicos no pueden darse el lujo de tener como principal adversario al competidor interno, cosa que se ve mucho también en los partidos como el Frente de Izquierda.

- El personalismo y los aduladores. No hay peor error para un político que rodearse de gente que los engrandezca todo el tiempo, eso no permite tener un espectro más amplio del panorama político. Además, impide que proliferen nuevos líderes dentro del espacio que ayuden a su crecimiento.

-Hacerse odiar y ser despreciados. Hay que conocer el sentido común de la sociedad para poder hacerle llegar un mensaje. Cualquier expresión que no encaje con este sentido común, puede verse como oscura y siniestra, y por lo tanto un distanciamiento con el votante. “La gente prefiere una mentira piadosa a una verdad dolorosa”. Además, el excesivo confrontamiento con posibles aliados hacen que se sea no tenido en cuenta, se sea odiado, y bloquea las posibles coaliciones y el crecimiento político.

-Purismo ideológico y el centrismo del sistema argentino. Creer que una fuerza puede ser puramente de izquierda o de derecha, liberal o socialista, es simplemente un error. El sistema argentino premia el centro, y para conseguir el voto del centro el abanico de plataforma debe cubrir muchos aspectos.

Si bien uno a veces no comulga o hacen ruido ciertos mensajes que promueve el adversario ideológico, más que confrontarlo, la opción más inteligente es tomar esa propuesta y reelaborarla.

-No entender el sistema político de carácter predominante. Hay políticos y militantes que creen que la salida es ganar la presidencia y tener voluntad política. El sistema político argentino es gradual, los cambios en las cámaras se hacen por mitades y de manera proporcional cada dos años. No existen el sistema de mayoría automática para poder llevar a cabo un gobierno puramente propio, es un sistema que invita a las alianzas con otros espacios. Un presidente que se pelee con el congreso y no tenga suficientes parlamentarios se convierte con lo que en lenguaje politológico le decimos Síndrome del Tigre de Papel. Un presidente sin poder.

- Es que los soldados propios son superiores a los mercenarios. Cuando se trata de provincias y municipios, en el afán de crecer electoralmente, tienden a aliarse con políticos tradicionales que denomino “mercenarios”. Son los políticos que se reconvierten ideológicamente para las situaciones que les parecen convenientes. El problema es que estas alianzas se hacen en desmedro de los propios, y la militancia local se desilusiona y se va. Cuando el mercenario tiene un comprador con mejor precio, se va, resultando en un fracaso. “Sin el pan y sin la torta”. Hay veces que hay que confiar más en los propios.

-No hacer sentir incluida a la militancia. Cuando los miembros viejos, los líderes o la oligarquía del partido no deja crecer a la militancia, la militancia tenderá a desilusionarse e irse. La militancia, principalmente la juventud, debe tener un espacio importante por ser el principal apoyo, principalmente para los candidatos nuevos y los partidos políticos chicos.

- No comprender que el relato no necesita ser verídico, más bien creíble. La comunicación en política se hace a través de relatos, y los relatos la mayoría de las veces no son verídicos. En política pocas veces se dice la verdad, o se evita o se la dice entremezclada, para darle un buen marketing. Hay que saber reconvertir las propuestas para que la gente la tome como una opción. El lenguaje técnico o la excesiva crudeza, en tiempos de crisis puede resultar, pero a largo plazo termina fracasando. Hay que saber construir un relato propio.

Estos considero son algunos de los errores del liberalismo argentino. No se ha demostrado mucho empeño por corregirlos, pero el espacio que pueda encontrarles una mínima solución, puede que encuentra un gran crecimiento y conforme una fuerza política de larga data.

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